La fe se traduce en hechos reales y cotidianos

Y se activa algo diferente en tu interior, algo que impacta y rodea todo de luz y pareciera que las cosas que queremos alcanzar se ven más posibles… ¿Cuándo es fácil que tengas fe? ¿Cuándo es fácil que creas un poco más que ayer? Cuando los errores parecieran que fueran parte de nuestro ADN, y no queremos victimizarnos, pero se siente que nada sale bien… ¿Acaso es fácil creer?

En esta encrucijada de pensamientos pesados y desgastantes, y en esa lucha por querer saber qué pasará en el futuro, cuando luchamos por creer, por no dejar que las situaciones nos determinen, cuando nos levantamos después de malos días, nos limpiamos la cara y salimos adelante, y nos esforzamos no por ser valientes, porque no sabemos si así se le puede llamar, porque las dudas están muy presentes, pero al menos levantarse y pensar que todo cambiará, que algo mejorará y que vale la pena creer… y saber que muchos le llaman locura, pero es lo que nos sostiene, lo que nos mantiene, lo que nos da aliento.

La fe se traduce en hechos reales y cotidianos, como actuamos frente a las circunstancias y a veces nos dejamos vencer por ellas y nos sentimos derrotados, y es que vivir en fe no se trata de ser siempre fuerte, casi perfecto , se trata de lo esencial que puede ser aprender a estar en el piso y levantarse y estar de nuevo en pie, la fe se traduce en hechos, porque estoy creyendo que a través de mis esfuerzos aunque parezcan mínimos hay algo que puedo visualizar que se va a cumplir.

Pensaba en un ideal de una persona con fe y tenía un estereotipo que es ser alguien con las baterías cargadas al 100%, sin dudas, sin desesperanza y hoy entiendo lo equivocada que estaba, porque a veces es necesario pasar por ahí, estar en el desierto; para entender que alimentamos la fe en nuestra vida cotidiana, en nuestros fracasos y momentos de silencio y que ésta un día será perfeccionada.